Blog de Marcos Montero Araya

Con relación a las elecciones del 1 de abril… 2018

Me había prometido a mí mismo mantener un silencio prudente, con el fin de no entrar en polémicas desgastantes y peligrosas, para lo más humanamente importante, que es la tolerancia, la solidaridad, la paz  y el amor.

Pero esto está tocando familias, amistades, grupos y otros componentes del tejido social, produciendo sentimientos de rabia, odio, desencanto, enfrentamientos y hasta conatos de violencia que van desde la psicológica a la física, todo en el nombre de tres o cuatro temas que dividen a la gente en “buenos y malos” o  en “salvos y condenados” y en donde se afirman como verdades las individuales o suma de ellas, aquellas producidas o generalizadas de forma personal o a conjuntos sociales, mismos a los cuales nos han conducido los acontecimientos, olvidando que la vida y las circunstancias nos llevan los “bandos” pero que rara vez los escogemos.  

Preceptos, principios y vivencias que nos unen unos a otros, frente a una sociedad que polarizada y que polarizan algunas gentes que olvidan que la construcción de una nación es un asunto colectivo que está por encima de aquellos temas que nos desunen como pueblo y que hoy son manipulados, de la forma más intencional y burda, dejando de lado que siempre en las sociedades hay temas donde es materialmente imposible la coincidencia, a no ser por la imposición violenta (en sus diferentes formas) de un sector frente a otro.

Lo que para mí es claro es que nuestra democracia agoniza, porque se ha reducido al acto de votar, porque no se ha adaptado a los cambios de los tiempos, a las dimensiones del donde se retorne a eso auténticamente humano que hace libre y feliz al ser humano y que es la razón de la política… como arte de lo posible.

Agoniza porque no queremos ver que el frio no está en las cobijas, que la forma lo único que disimula, es que hemos sido incapaces de tomar las decisiones para unificar a las gentes, bajo aquellas cosas que nos unen, porque el espectáculo está en reconocimiento de los egos, las posiciones maniqueas y el mantenimiento de un modelo que por gastado puede explotar en nuestros rostros, más tarde que temprano y entonces podría ser tarde o demasiado tarde.

Pronto nos enfrentaremos a tener que decidir de la forma como nos está permitido como números en una lista, ejercer un derecho que se ha vuelto vacío, porque tras el mismo nuestras intenciones y sueños, pasan a hibernar de forma cuasi obligada, hasta la siguiente oportunidad en que los que manejan los “hilos”, los partidos políticos, el gobierno de turno, los dueños del Estado y el sacrosanto TSE, nos llamen bajo la egida de añeja ley, a incorporarnos a un nuevo circo donde no escogemos absolutamente nada.

Llegará y pasara el primero de abril y seguiremos sin derechos reales de participación, sin posibilidad de cuestionar o revocar a los elegidos directos e indirectos. Seguiremos sin que haya ninguna posibilidad de que el ciudadano o ciudadana anónimo pueda siquiera aspirar a que la gente le dé la oportunidad de servir más allá de lo comunitario o local, porque para ello obligadamente debe estar en un “partido” y aun estándolo quedara a merced de si goza o no del beneplácito de quienes los usufrutuan o lo manejan como un asunto personal o de algunos pocos.

De nuevo se pospone lo urgente de solucionar, lo importante. Retornarnos a nuestros barrios y pueblos, a seguir casi rogando ser escuchados. A que lo que “debe hacerse” desde hace mucho tiempo, lo cual se pasara una y otra vez para mejor momento, en razón de intereses desconocidos o como producto de una intelectualidad que dejo de lado la sabiduría y el sentido común. Volveremos a un país en donde buena parte de más de 8000 leyes, que buscan organizarnos y controlarnos, se han convertido en una camisa de fuerza para nuestra transformación como país y como sociedad, en todos sus estamentos y posiciones.  

Sin embargo en este escenario dantesco (en donde menuda ayuda obtenemos perdiendo la perspectiva de diferenciar la fe como nuestras creencias más auténticamente profundas y la religión como forma de interpretar y organizar los asuntos espirituales por parte de alguna gente falible), no hay más tren como decía Aquileo Echeverría, que no aflojar, porque siempre hay esperanza de que un pueblo despierte y descubra que por más que quieran unos pocos miles no es posible controlar a millones al infinitum. Y que las sociedades han demostrado que son posibles las transformaciones dentro de los marcos de la paz, la solidaridad, la tolerancia y la no violencia.

Y si una vez más habrá que “votar” porque es lo único que tenemos en este momento como forma de expresarnos y enviar un mensaje que indique a los detentadores del poder que ya es suficiente y que la gente común requerimos que se inicien en la brevedad inmediata los cambios y transformaciones pospuestas, sin más “diez con hueco” Que se entienda que para que nuestra democracia sobreviva hay que darle la oportunidad de renacer y sufrir una metamorfosis que la conduzca a esas nuevas formas que propendan a la felicidad humana, a un paz creciente y aun desarrollo material sostenible para todos y cada uno de los seres vivos, dejando atrás la pobreza, la desigualdad, la destrucción, la contaminación y otros tantos antivalores.

Habrá que “votar”, en un medio de “tigre suelto contra burro amarrado”, ello desde mi óptica muy particular y respetando otras opiniones o posiciones de “tirios y troyanos”. Por un lado el fundamentalismo conservador que amenaza con hacernos retroceder en el tiempo y en la posposición de las grandes transformaciones requeridas y por otro una propuesta que al menos luce más “equilibrada” – menos “fanática”, aunque le subyace una práctica política excluyente y que resulto tras cuatro años de gobierno en “más de lo mismo” en muchos aspectos de forma y fondo.

Así es menuda encrucijada o optamos por devolvernos o seguimos pero sin grandes perspectivas claras de variaciones. En mi caso no veo más opción que la segunda porque me gusta ver hacia el futuro y no perder la esperanza en que este nuestro pueblo, de forma diáfana entenderá que a partir del 1 de mayo 2018, le toca la gran tarea de exigir las transformaciones que se han pospuesto y afrontar la salvación de nuestra democracia y esa acción de la ciudadanía no será posible dentro de los oscuros laberintos del fundamentalismo conservador, sencillamente porque su verdad por absoluta no admite cuestionamientos de nada y de nadie. Así que votare por Carlos Alvarado, porque las circunstancias así lo exigen, pero siendo claro en mi responsabilidad de que debo luchar por una nueva forma de organización y desarrollo de nuestra democracia y que eso no se puede postergar, así que en “guerra avisada... no muere soldado” y no olvidando que el respeto al derecho ajeno es la paz, por ello siempre respetuoso de las posiciones y opiniones de otros, aunque no las comparta, jamás una idea o una suerte de realidad me hará el daño de olvidar que en el dar esta la solución y que por encima de todo está el mandamiento de “amarnos los unos a los otros” … “porque cuando tratas a los demás como quieres que te traten te liberas” y que nada absolutamente nada hará de lado mi convencimiento que es más lo que nos une que los desune y de que lo que se trata es reforzar eso ultimo… lo que nos une que al final son la mayoría de las cosas, haciendo cuasi intrascendente los que nos separa. 



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